sábado, 26 de diciembre de 2009

Crónicas de un viaje. Capitulo I. Nos vamos del Perú (12 de Setiembre de 2009)

Es 12 de setiembre. El día ha llegado. Días antes había estado ultimando los detalles. La noche anterior apresuradamente estaba terminando las maletas. Pero finalmente el día de partir a Barcelona ha llegado. A las 5 AM salgo de la cama. Me visto. El taxi ya está esperando afuera.

Ya en el aeropuerto me encuentro con varios de mis amigos haciendo el check-in en AirComet que era la aerolínea que conseguimos (por ser mas económica). Por suerte no excedí el límite de peso.

Me despedí de mis padres quienes habían madrugado conmigo. Era el momento de irme para realizar el embarque. Así, luego de pagar los 31 dólares de impuesto me formé en la cola para ser revisado y poder ingresar

Me quité todo lo metálico, puse mi laptop y la maleta de mano. Pero aquí cometí el primer gran error: por la prisa empaqué el shampoo y los desodorantes en la maleta de mano y no en la maleta que iba a la bodega. Consecuencia de esto es que me fueron quitados. Ni modo, en Barcelona tendría que conseguir unos reemplazos.

Nos dedicamos a pasear con un grupo por el duty free. A mi entender no todo estaba muy barato que digamos. Luego nos concentramos todos en las sillas cercanas a la puerta donde nos embarcaríamos. Algunos se quedaron dormidos. Yo tenía sueño pero prefería reservarlo para las 12 horas de viaje que nos esperaba.


Aeropuerto Jorge Chavez, 8:30 AM. Esperando que nos llamen para abordar el avion.

Estábamos particularmente emocionados porque algunos de nosotros estaríamos en el partido del Barcelona contra el Atlético Madrid que será materia de otro post.
Llegó el momento de embarcarnos. Ya habíamos visto a las aeromozas a la salida del duty free. El vuelo era de AirComet, una compañía que actualmente tiene muchos problemas administrativos. Nos ubicamos cada quien en su respectivo asiento. Quise tomar algunas fotos, pero una aeromoza muy simpática aunque de trato áspero me indicó que no podía tomar fotos. Ni modo

El avión tenía una mala distribución de asientos ya que la fila del medio tenía 4 asientos muy pegados. Me tocó ir en esa fila del lado del pasillo, lo que me dio cierta comodidad temporal. Compartí esa fila con Milly, Erick y Julio. Ayudé a Ayda y Mary con sus maletas para ponerlas en el pasillo.

…..y despegamos!

Una vez instalados en nuestros asientos era como si ya estuviéramos en España: los precios de las bebidas o comidas estaban en euros y era carísimo! Teníamos hambre pero no queríamos pagar mucho. Para nuestra buena suerte, Karina tenía sus chifles y con eso engañamos al estómago.

AirComet tenía la costumbre de cobrar por todo. Si quería ver las películas debía pagar 5 euros, pero si quería oírlas, debía pagar 2 euros por concepto de alquiler (si, leyeron bien, ALQUILER) de audífonos. Yo tenía mi iPod con la batería cargada y lleno de música. El iPod, dormir algunas horas y conversar con mis compañeros de asiento me hicieron aguantar las 12 horas.

Al lado de Mary había una señora peruana que vivía cerca de 18 años en Madrid. Ella conversó incluso conmigo y nos metió miedo sobre el alto nivel de delincuencia que había en la ciudad. Prácticamente nos dijo que nos iban a asaltar bajando del avión.

Y delante de Mary había también una señora problemática. No quería que nadie hable porque quería dormir. También le hizo la guerra a una de las aeromozas ya que ésta le indicó que no debía pararse mientras la señal de colocarse el cinturón de seguridad estaba prendida, y ella hizo caso omiso. Eso motivó que otras 2 aeromozas se unieran a la discusión.

Llegó el momento del aterrizaje. Eran ya las 5:45 AM en hora española. El aeropuerto de Barajas, en Madrid, era enorme. Era como 5 o 6 veces el aeropuerto de Jorge Chávez (y tal vez me esté quedando chico). Llegamos a la terminal 1 y el vuelo de empalme a Barcelona recién sería a las 9 AM, lo que nos dejaba un tiempo para seguir durmiendo.

Al momento en que nos dirigíamos a recoger el equipaje uno de nuestros amigos quiso tomar fotos, y al momento fue detenido por unos policías españoles. Era nuestro amigo Juan Carlos. Luego nos dimos cuenta que había un cartel muy pequeño que indicaba que no estaba permitido tomar fotos. Juan Caros luego nos contaría que los policías que se lo llevaron lo obligaron a borrar todas las fotos que tomó en los alrededores del aeropuerto.

Ahora debíamos pasar por migraciones. Aquí me enfrenté al hecho de ser latino en tierra hispana. Para poder ingresar a España primero debíamos ir a las dependencias policiales. Una vez ahí saludé cortésmente al policía que me tocó, pero este ni se inmutó ni alzo la mirada para verme. Se limitó solo a pedirme el pasaporte y a recorrer sus páginas como buscando algo. Hizo esto cerca de 4 veces. Luego de eso me dijo que pasara, sin mirarme siquiera.

Otros compañeros me comentaron que con ellos fueron más duros y hasta lanzaron comentarios en tono xenofóbico contra nuestro país.
Cuando ya todos habíamos pasado el control policial, debíamos trasladarlos a la terminal 2. Uno pensaría que la terminal 1 está al lado de la terminal 2, pero no era así. Había que atravesar el aeropuerto.

Tras una larguísima caminata llegamos a la terminal 2. Si bien todos llegábamos a Madrid en el mismo vuelo, para ir a Barcelona cada quien se había comprado o su propio vuelo, o su ticket para el tren o bus. Un grupo de nosotros prefirió otro vuelo.

Este segundo vuelo fue bastante pintoresco: el avión tenía la mitad de tamaño que el vuelo de AirComet. Era de Air Europa. Abordamos el avión. Esta vez el tiempo de vuelo solo seria de una hora. Ni bien despegamos muchos de mis amigos quedaron profundamente dormidos. Incluso por ahí alguno roncaba tanto que se confundían los ronquidos con las turbinas del avión.

Cuando íbamos a aterrizar el piloto solicitó que nos abrocháramos los cinturones. Iniciamos el descenso, pero al poco rato volvimos a elevarnos. Entonces el piloto volvió a comunicarse para anunciarnos: “Señores, hubo un error de aproximación. Vamos a volver a intentar el aterrizaje. Permanezcan con los cinturones puestos”. En ese instante pensé que podría pasar algo malo, pero traté de mantenerme optimista. Luego pudimos ver en ese instante que efectivamente estábamos descendiendo. Hasta que finalmente aterrizamos en Barcelona

Ya desembarcados empezamos a buscar las maletas. Al obtenerlas luego salimos del aeropuerto. Solo cinco de nosotros: Toño, Francisco, Hedda, Mary y yo habíamos quedado en que una movilidad nos llevara al Hotel Mikado (de la cadena de hoteles Catalonia). Efectivamente, al salir, ahí había un tipo con un cartel que decía ESAN. Abordamos el vehículo y mientras nos llevaban veíamos con mucha atención todas las calles.

El hotel Mikado, en Barcelona.

Conforme íbamos avanzando yo podía observar que todo estaba muy ordenado y limpio. Finalmente llegamos al Hotel. Nos registramos. Urgía un descanso!
Luego de haber dejado el equipaje y de probar el internet inalámbrico del hotel, quisimos salir como para descubrir la ciudad. Salimos con mis compañeros de grupo de la maestría: Carlos, Toño, Henry y yo. Salimos cuidadosamente del hotel como para no perdernos.

Algo que notamos de inmediato es que ningún lugar abría los domingos. Queríamos buscar un lugar para almorzar y no sabíamos dónde ir. Caminando encontramos a una chica que nos dijo que debíamos ir a Plaza Catalunya. También nos indicó que debíamos tomar uno de los buses que estaban estacionados en los paraderos. Concretamente, la línea 14.

Tomamos un bus que no era de la línea 14, pero nos dejaba a una cuadra de la plaza Catalunya. Íbamos recorriendo lugares y observando. Nos bajamos y nos dirigimos a la plaza. Nos tomamos varias fotos por ahí. Preguntamos a unos policías sobre lugares para almorzar y nos dijeron que fuéramos a una esquina, y que ahí encontraríamos un restaurant de color verde donde había buffet. Dimos muchas vueltas y encontramos un lugar de esas características. Ese fue mi primer encuentro con la comida española: uso y abuso del aceite de oliva.

Con Toño y Henry, en la Plaza Catalunya

Comimos hasta llenarnos y pagamos la suma de 14 euros (algo caro si lo convierto a soles) pero en ese momento no había muchas alternativas. Volvimos a caminar y nos encontramos con nuestros compañeros de estudios que también habían salido a pasear. Así formamos un grupo más grande y nos aventuramos a visitar “La Sagrada Familia” de Gaudí.

Pero para llegar necesitábamos ir por el metro. Aun no nos ubicábamos así que con el mapa tratábamos de seguir en la ruta. Sin embargo aun nos costaba armar las conexiones entre las líneas. Finalmente la hicimos y llegamos a la Sagrada Familia

Con parte del grupo en la puerta de la Sagrada Familia

Se cobraba 11 euros por entrada para adultos pero milagrosamente el carnet de ESAN servía para pagar como estudiante, que era 9 euros. Así recorrimos todas las instalaciones por dentro y estuvimos en el museo. Nos tomamos las fotos de rigor y luego nos dirigimos al hotel. Se suponía que por la noche nos iría a ver un representante de la universidad Ramón Llull para ultimar detalles pues debíamos estar a las 8:30 am. Así terminó nuestro primer día en Barcelona……venían muchas aventuras mas en camino.

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