Estaba pasando por uno de mis mejores momentos. Finalmente estaba estudiando la academia FI de SAP. Me había decidido, tras posponerlo, a llevar la maestría. Hacía pocos meses me había reencontrado con mis amigos de adolescencia, y por si fuera poco volví a una de mis viejas pasiones: la música, y me reencontré con mi ex banda de la época escolar: los Vector 74. Incluso íbamos a tocar ya mismo en vivo en 2 fechas, el 4 y 5 de setiembre. Mi vida no podía estar más completa.
Pero cuando menos lo esperaba mi vida dio un giro inesperado. Sucede que estando en la clase de SAP comencé a sentir un fuerte dolor en la boca del estomago, al que atribuí a un cólico sufrido por el coffee break. Aguante todo el resto de la clase así. Me fui a casa volando y me prepare una manzanilla...y nada...
Dieron la 1 AM y el dolor no pasaba. Ya llevaba cerca de 5 horas aguantando eso así que sin más me fui a la Clínica Stella Maris a Emergencia. Era la primera vez que iba en calidad de paciente. Como no mostraba mayor impedimento para caminar, me tomaron los datos en pie y luego me mandaron a la camilla. Me sacaron sangre, tomaron una muestra de orina, me revisaron, me inyectaron algo, me pusieron suero...y luego de eso me dormí. A las 3 AM desperté y ya no sentía el dolor. Sin embargo el doctor me dio 1 día de descanso medico. "Parece una apendicitis en progreso", me dijo, "pero no te duele el apéndice". Con eso me dejaron salir de la clínica.
A las 9 am llame a la oficina para anunciar que tenía descanso medico. Trate de relajarme en casa y hasta me quede dormido viendo la tele. Cerca de las 1 PM desperté sobresaltado: el dolor había vuelto mucho más fuerte que antes y ahora si en el apéndice! Trate de ponerme en pie, pero no podía incorporarme. Salí como pude de mi cuarto tratando inútilmente de marcar el numero del doctor desde el celular. Los dedos no me respondían. Solo atine a salir como pude de la casa. Mi padre quería acompañarme y se tardaba mucho en vestirse. Yo salí hasta la reja dispuesto a tomar un taxi pero olvide la llave. Papa salió corriendo tras mío...y también olvido la llave!! Cuando pudo abrir, tomamos un taxi.
Esa ida en taxi la sentí eterna. Cada segundo sentía como que mi interior se deshacía. Cuando finalmente llegamos a la clínica caminé casi a duras penas. Esta vez en Emergencia ya ni me preguntaron nada: mi cara lo decía todo. "Vaya a la camilla, rápido!!", indicación que seguí al pie de la letra
Un médico me revisó, y tras hacerme un examen que consistió en poner mi rodilla a la altura del pecho con mi consabido grito de dolor, determino sabiamente “esto es apendicitis”. Que descubrimiento! Eso ya lo sabía desde el último dolor.
El dolor no me permitía moverme demasiado. Llamaron a mi padre para que fuera haciendo los trámites de internamiento, a la vez que me pidieron mi carnet de la EPS y mi DNI. A duras penas solo pude enviar 2 SMS: uno dirigido a los Vector (“Muchachos, no puedo tocar. Estoy en Stella Maris. Apendicitis”) y el otro para mi gran amiga Verónica (“Tengo apendicitis, estoy en Stella Maris”). Apenas termine de enviarlos, Emilio (uno de los Vector) me llamo. “Ni hablar. Quédate tranquilo nomas. No vamos a hacer el concierto sin ti”. Vero también llamo, pero yo ya casi no podía hablar.
Por alguna razón que no logro comprender, solo podía atenderme el mismo medico que me vio en la madrugada la primera vez que fui. Yo ya no aguantaba el dolor y así se lo hice saber al otro médico. “Le aplicaremos un analgésico para que no sienta el dolor”. Ya eran las 2:30 PM
El tiempo transcurría y fueron pasando varias personas: una enfermera que me hizo el riesgo quirúrgico y que me preguntaría “su edad, joven?”, otra enfermera que me desnudó totalmente y también preguntó “su edad, joven?”. Al final de esta lista vino un tipo con una cara muy seria y me preguntó una vez mas “su edad, señor”. Estaba perdiendo la calma. “Por qué diablos todos me preguntan la edad?” le di por toda respuesta. “Señor” - me increpó - “yo soy el anestesiólogo. Tengo que saber todo sobre Ud.”. Pero la siguiente pregunta si me saco de cuadro: “Ud. cree en Dios?”
Me subieron al cuarto. Mencioné que ya eran las 5 PM? A ese punto comencé a sentirme muy afiebrado. Ya estaba en la cama y seguían preparando el quirófano desde las 3 PM. Entonces comencé a pensar que quizás serian mis últimos momentos. Era lógico, yo jamás había sido operado de nada.
Finalmente, a las 6:30 PM me llevaron al quirófano. Ardía en fiebre. Solo veía hacia el techo mientras me llevaban y veía todas las luces pasar rápidamente, como en “ER sala de urgencias”. Mientras me llevaban solo pensaba en las cosas que iba a dejar inconclusas si llegaba a pasarme algo. “Mire, yo soy músico aficionado e iba a tocar el 4 de setiembre” le dije a una enfermera. “Pero no lo podrá hacer” me respondió. Luego de pasar por innumerables puertas pude ver finalmente las enormes luces del techo del quirófano.
Fui colocado en la mesa de operaciones. “Aquí me van a dormir, me pondrán la máscara y todo se volverá negro” pensé. Una de las enfermeras escribió mi nombre. “Así no se escribe” indiqué. Fue lo último que recuerdo.
Al parecer transcurrieron varias horas. Para mí fue como parpadear. Me encontré en un lugar sombrío, con varias camas. Traté de incorporarme. “NO SE MUEVA!” me dijo una robusta mujer desde un escritorio. Yo aun estaba semi atontado. En eso esta mujer llamo por teléfono y pronuncio una frase que hasta hoy me ha quedado grabada: “El paciente con el cuadro peritoidal acaba de volver en sí”. Qué cosa? Peritoidal? Volví en mí? Qué rayos pasó?
En eso vinieron 2 enfermeras más. Me pusieron en una cama. Intentaron que miccionara en un “papagayo” pero pese a que sentía la vejiga llena, era incapaz de expulsar líquido alguno. “Que hora es? Pregunte. “Las 11” me respondieron. Pasarme de una cama a otra fue complicado para mí pues apenas podía moverme, pero las enfermeras supieron trasladarme rápidamente. Subimos a mi habitación. Yo iba aun atontado y semi-inconsciente. Identifiqué a mis padres y a la Vero, que se había quedado acompañándolos no entendía por qué. Luego mi padre me contó lo que pasó.
Lo que había ocurrido es que al momento de entrar al quirófano los doctores detectaron que mi apéndice ya tenía un agujero. Para no dar más detalles asquerosos, había pasado a la peritonitis. La enfermera que salió para buscar a mis padres tuvo el tacto de un elefante en una vidriería: entro a la habitación y dirigiéndose a mis padres les soltó la lapidaria frase: “El doctor quiere hablar con un familiar”. Mi madre casi se desmaya. Mi padre, más sereno, accedió a ir con la enfermera.
“Señor, su hijo tuvo peritonitis. Lo limpiamos lo mejor que pudimos, pero hay riesgo de una segunda operación. Ah, por cierto, este es el apéndice de su hijo” dijo el doctor a mi papá. Mencioné algo acerca del elefante en la vidriería? Después de recibir la noticia mi madre comenzó a llorar. La Vero entonces decidió acompañarlos hasta que yo saliera. Mi padre acompañó a Vero a su casa. Era tardísimo. MI madre decidió quedarse a dormir en el sillón. Yo me moría de la sed, pero por indicación del médico no podía ingerir absolutamente nada, solido, líquido o gaseoso.
A la mañana siguiente me desperté abruptamente con unos rezos. La clínica tenía por costumbre transmitir a través de los altavoces de los cuartos el Santo Rosario. El médico entra a las 9 AM y me salió con la desfachatada frase: “Oye, tú ya viniste con peritonitis verdad?”. ¡Que tal desatino! ¿Cómo se le ocurre? Por supuesto, respondí que no. El médico no era nada delicado. Me quito parte del vendaje y fue entonces que vi mi realidad: tenía dos tiras de jebe a cada lado de mí estomago, los famosos “drenes”. Luego de inspeccionar y limpiar, el doctor hizo que dos enfermeras me pusieran en pie. Nunca, nunca me había costado tanto esfuerzo incorporarme pues el dolor era insoportable. Lo que más lamenté de todo es que mi padre pasara su cumpleaños al lado de mi cama en esa difícil situación. ¡Discúlpame, papá!
Bueno, dar los detalles escabrosos de mi tratamiento y recuperación (lo que significó para mi 1 semana internado y otras dos en casa) estaría demás pues me alcanzaría para escribir un libro. Pero si quiero recalcar que fue una de las peores y mejores etapas de mi vida al mismo tiempo. ¿Que como es eso? Si bien es cierto terminé muy maltrecho y adolorido vamos a hacer un balance rápido:
1.- Nunca le tome la debida importancia a la salud. Seguro pensaba que era una especie de Superman y que jamás me pasaría nada tan joven al menos. Ahora tengo esto siempre presente
2.- El año anterior a estos hechos iba a hacer la maestría, lo cual hubiera significado que el viaje lo iba a hacer en setiembre de 2008, justo cuando me pasó esto. No hubiese podido viajar y por consiguiente iba a retrasar los estudios. Fue afortunado que el 2007 no pudiese llevarlo a cabo.
3.- Descansé como nunca. Fue casi como unas vacaciones al final. Estaba feliz viendo solo tele o películas. Y no desconté ni sueldo ni vacaciones.
Pero lo más importante de todo, ver como hay mucha gente que me quiere. Esto es algo en lo que nunca había reparado. Durante mi internamiento fue a verme mucha gente, familiares, amigos, mis hermanos de Vector 74, incluso un enorme grupo de la oficina. Horas antes mis compañeros de oficina se organizaron y me habían hecho llegar un arreglo floral con una tarjeta firmada, además de mis amigos del trabajo, por el mismísimo Director de TI. ¡No saben lo reconfortado que me sentí con ese gran gesto, gracias amigos!
Por eso, esta nota escrita aquí está dedicada a todos los amigos y familiares que estuvieron conmigo en ese momento tan difícil. No podré nunca terminar de agradecerles por todo ese cariño
NOTA: La razón por la que esta vez no incluyo ninguna foto es sencilla: no permití que nadie me sacara una sola foto en semejante estado. Lo siento. Hasta la siguiente nota.